jueves, 29 de octubre de 2015

de urgencia

es ese momento del final del día en el que te acuerdas que queda algo por hacer y saltas de la cama corriendo para hacerlo... pero en el último instante te das cuenta que no sabes qué hacer.

la idea es contar algo, a ser posible, conexo y con sentido, pero la urgencia hace que se pierda el sentido y todo lo que surja es inconexo. y así, las palabras que se amontonan están mezcladas y, si hubiese tiempo (y una caña), se podrían reordenar, tal vez, hasta conseguir algo con sentido y digno de leer y rememorar.

en cualquier caso, la cosa es que aquí estamos, apurando el tiempo tratando de hacer que la magia se haga, y lo único que conseguimos es que pase el tiempo y se acumulen las palabras, una tras otra, tras otra, pero sin lograr que cobren la coherencia buscada. quizás sea culpa de la hora y la premura.

así que, no, hoy tampoco hay sentido. pero continuamos para rutina... algo que ya vimos que no era cierto, pues superamos esos veintiún días. quizás sea porque no soy muy dado a las rutinas. mis engramas mentales no se adaptan a las rutinas y buscan todo el tiempo nuevas formas de salir de ella y encontrar nuevos caminos nunca hollados o apenas transitados...

día ocho.

con retraso...

tratando de madurar las palabras para evitar llenar esto de vísceras, puesto que esto es un escrito y no una casquería, me he demorado más de lo que habría esperado y el día seis se ha juntado con el siete.

y sin embargo, aquí estamos, juntando palabras nuevamente.

hoy ha sido un día raro, y las rarezas se han ido sucediendo una detrás de otra, sin sentido y sin descanso.

no. no encuentro sentido ni palabras en este momento para contar nada coherente. demasiadas vísceras, demasiada casquería, demasiada mala leche para que surja nada ni medio decente.

día seis (pasado).

martes, 27 de octubre de 2015

pasmante...

que el hombre no es el animal más racional que ensucia la tierra es algo que muchos sospechan y que él mismo se encarga periódicamente de confirmar por los más variados medios. y el último es tan pasmoso como pasmante.

después de confirmar que el metano es uno de los más importantes gases de efecto invernadero y que sus mayores productores son los rumiantes que se crían en masa para alimentar su creciente número, ahora, por ese sentimiento de culpa autoinducido que se está asentando en este ser cada vez más anodino y estúpido, se intenta convencer que consumir sus carnes es lo que les está produciendo ese bonito cáncer, sí, llamémoslo por su nombre, ¡de culo! y para ello, la solución es dejar de comer carne y ponerse todos a consumir vegetales, para cuya digestión no se encuentra perfectamente adaptado, con lo que van a conseguir que, pese a que no se sepa qué hacer con todos esos animalitos que ahora no se sacrificarán porque comerlos provoca cáncer, no sólo no dejarán de producir metano, sino que ellos mismos se van a posicionar como unos productores masivos de metano aún mayores, debido a sus imperfectos sistemas digestivos que, además de no dejar de desarrollar el cáncer que creían que les provocaban las carnes que consumían, sino que desarrollarán nuevas enfermedades provocadas por intentar consumir únicamente algo para lo que hace miles de años que no están adaptados, sino además por la falta de nutrientes que dejan de consumirse.

sí, queridos consumidores compulsivos de margarinas, eso es lo que está engrasando ese bonito cáncer que estáis desarrollando en vuestros traseros, pero, afortunadamente, no tiene nada que ver con la idiocia progresiva y convulsiva en la que os revolcáis, que proviene de la degeneración de una raza que se ideó y creó exclusivamente como fuente de alimento.

de todas formas, si lo que queréis consumir es el soylen green, no seré yo quién os lo impida, al fin y al cabo, no se os cría por vuestros cerebros, ni son la delicatessen más suculenta que poseéis.

día cuatro.

lunes, 26 de octubre de 2015

a quien madruga...

seamos serios, los refranes son una mala forma de fomentar la memoria porque, si bien el ritmo favorece la memoria, al final la mala memoria provoca una mala transmisión del conocimiento.

¿en qué nos puede ayudar madrugar? la mayoría de las veces que madrugo, lo único que arrastro y me acompaña casi todo el día es el abatimiento y la mala uva. y, por supuesto, el sueño.

madrugar, sin haber tenido un descanso adecuado no sirve para nada, pero seguro que te encuentras a alguien que se soltará "a quien madruga..." ¡pues madruga tú, y hablamos a esa primera hora!

vivimos con tantas prisas y presiones que no nos damos cuenta que, realmente, lo que nos pone en marcha es la emoción y no la presión.

y, con este pensamiento, nos recogemos en nuestro capullito a la espera del...

día tres.

domingo, 25 de octubre de 2015

mira tú por dónde...

"el mundo es un pañuelo...
!y está lleno de mocos!"

lo cierto es que siempre que he escuchado esta locución, ha sido fragmentada, mutilada para cambiarle completamente su sentido y hacer que signifique completamente lo contrario y decirnos otra cosa.

porque nos dicen "¡el mundo es un pañuelo!" y nos quieren decir que el mundo es muy pequeño y es muy fácil encontrarse con cualquiera.

pero no es cierto, pues su significado completo es que sí, te puedes encontrar a cualquiera, pero a cualquiera que no querrías, y casi siempre alguien desagradable. y es que, cuanta más necesidad tienes de un pañuelo, cada vez que lo coges y lo abres, más fácil es encontrarte con el moco más verde y desagradable.

será por eso que, en los últimos tiempos, he desechado los pañuelos y me he decantado por los de papel, desechables, mucho menos ecológicos me temo, pero que, una vez que los utilizas, los estrujas y te deshaces de ellos para no ver más aquello que esconden.

y ahora vosotros averiguáis lo que quiero decir.

día dos.

sábado, 24 de octubre de 2015

segundo, segundo, segundo intento... ¡y van!

cada cierto tiempo los viejos fantasmas vuelven por sus fueros a intentar tentarnos o hacernos sentir culpable.

el revenant de la escritura me acosa periódicamente, haciendo que mis dedos se muevan inquietos.

durante mucho tiempo pensé que era la música, pero a sus movimientos les acompañaban imágenes, palabras, mundos extraños que no existirían a no ser que les proporcionase un cuerpo, una sustancia con mis palabras...

sin embargo, como muchas de las otras veces, aunque las palabras se agolpaban, supongo que la presión les impedía salir adecuadamente y taponaban efectivamente la salida y su expresión ordenada y coherente. así que esperaba que la presión se atenuase nuevamente y la urgencia cediese.

o que intentase, por todos los medios, sacar algo coherente sin conseguirlo, sintiéndome una vez más frustrado y apartándolo todo de mí, alejándolo para intentar olvidarlo una vez más, al menos por otra vez.

y aquí estamos, negro sobre blanco, intentando que la coherencia se haga presente y los pensamientos cobrasen algo más de cuerpo que las veces anteriores. quizás éste sea el momento.

lo divertido, y lo frustrante, es cómo esas ideas se plasman con particular vividez siempre que no tengo forma alguna de ponerlas por escrito, negro sobre blanco, ya sea sobre un papel o sobre un soporte binario. así que trato de atesorarlos intensamente para poder recuperarlos a posteriori, pero sin resultado positivo alguno. lo que sin poder aprehenderlo llega a mí de forma ordenada y lúcida, cuando me siento a transcribirlo se vuelve, una vez más, una amalgama desordenada y carente de toda coherencia.

cierro los ojos y puedo sentir cómo me deslizo a través de corrientes tan rápidas y cambiantes que... escapan a toda descripción.

quizás debería empezar por ahí, por intentar describir lo más próximo antes de lanzarme a aventuras más intensas.

a lo mejor esta es la vez, la definitiva, o en la que más me acerque.

el mito de los veintiún días para establecer una rutina me elude, pero vamos a por él otra vez.

día uno.

martes, 20 de octubre de 2015

La Espera

Espera el que tiene esperanza. El que no, desespera.

Pensamos que toda una vida curtida en salas anónimas donde ves escaparse el tiempo vacío, en lentas horas que se arrastran al ritmo de desesperantes e interminables colas nos habrán preparado suficientemente para la siguiente que nos aguarda, pero es una triste falacia.

Cada nueva espera supone un nuevo vacío, una nueva pequeña muerte de nuestro intelecto y nuestras esperanzas. Por mucho que no intentemos afrontarla con renovado optimismo, cada minuto que pasa sin poder aprovecharlo plenamente es una paletada más que se arranca a ese futuro que se antoja más exangüe y yermo.

Probemos con la lectura...