es ese momento del final del día en el que te acuerdas que queda algo por hacer y saltas de la cama corriendo para hacerlo... pero en el último instante te das cuenta que no sabes qué hacer.
la idea es contar algo, a ser posible, conexo y con sentido, pero la urgencia hace que se pierda el sentido y todo lo que surja es inconexo. y así, las palabras que se amontonan están mezcladas y, si hubiese tiempo (y una caña), se podrían reordenar, tal vez, hasta conseguir algo con sentido y digno de leer y rememorar.
en cualquier caso, la cosa es que aquí estamos, apurando el tiempo tratando de hacer que la magia se haga, y lo único que conseguimos es que pase el tiempo y se acumulen las palabras, una tras otra, tras otra, pero sin lograr que cobren la coherencia buscada. quizás sea culpa de la hora y la premura.
así que, no, hoy tampoco hay sentido. pero continuamos para rutina... algo que ya vimos que no era cierto, pues superamos esos veintiún días. quizás sea porque no soy muy dado a las rutinas. mis engramas mentales no se adaptan a las rutinas y buscan todo el tiempo nuevas formas de salir de ella y encontrar nuevos caminos nunca hollados o apenas transitados...
día ocho.