Se habla tan alegremente de "alienaciones" que igual popdría ser otra cosa. Sobre todo cuando también se habla con mucha displicencia de que los alienígenas están entre nosotros.
Pongamos de una vez las cartas sober la mesa y mirémoslas sin temor: los aliens están entre nosotros. Y muchos de nosotros podríamos reconocer sin rubor que somos alienígenas, porque nos sentimos terríblemente alienados por esta sociedad, no ya que no nos comprende, sino a la que somos completamente incapaces de comprender.
Bueno, a veces no es incapacidad, es, simplemente, no querer hacerlo.
Visto desde nuestra perspectiva, los aliens son ellos, completamente incomprensibles y alejados de nuestra forma de ser, de sentir, de pensar.
Claro que, si es cuestión de número, claramente los aliens somos nosotros y, claramente, estamos entre ellos.
Conocerlo no nos da ninguna ventaja y, de todas formas, ya nos consideran bichos y, en muchas ocasiones, nos tratan como especímenes de estudio. Así que, ¿qué más da que nos consideren aliens o bichos raros? En cualquier caso no somos como ellos y, la verdad, ni ganas de serlo, pese a que en algunos caso, ese "no serlo" nos impida pasar lo suficientemente desapercibido para evitar que se fijen en nosotros.