lunes, 1 de febrero de 2016

La tarde languidece con un agresivo sol pugnando con las oscuras nubes que prometen tormenta, cada vez más amenazadoras.
El teléfono empieza a sonar con creciente insistencia.
-Buenas tardes -responde automáticamente.
Al otro lado de la línea se escucha una respiración ahogada, agobiada.
-¿Sí? ¿Oiga? ¿Es el técnico?
-Sí. ¿En qué puedo ayudarle? -verdaderamente espera que el hastío no se trasluzca en su voz.
Un momento de indecisión antes de poder empezar.
-Verá... -con un titubeo largo- se acaba de ir la luz por la tormenta y ahora no se enciende el ordenador.
Levanta la vista y alcanza a ver un rayo en la distancia.
-¿Se trata de un portátil o de un sobremesa?
Espera la respuesta mientras el sonido del trueno se cuela por el auricular, y aún llega a escucharlo en el exterior antes de que le respondan.
-No, muy portátil no es... Tiene su pantalla, su teclado, su caja negra...
Sus ojos apenas se dilatan apenas un poco con la respuesta.
-Está bien. ¿Ha comprobado los enchufes?
Escucha ruidos al otro lado y la respiración trabajosa...
-Espere, tendría que buscar una linterna ilumiverlo.
-¿Los tiene debajo de la mesa?
Silencio.
-No, es que aún no ha vuelto la luz y con la tormenta está muy oscuro.
Ahora sí que se quita las gafas y respira lentamente antes de responder.
-¿Podría llamarme cuando vuelva la luz? -hace un alto antes de añadir- No quisiera que se tropezase con nada.
-¡Gracias! -responde la voz muy aliviada y cuelga.
El rayo, más cercano, ilumina su frustración.