sábado, 6 de junio de 2015

piensas, que mañana no hará sol, que un día cubierto de nubes, más fresquito y con una alta probabilidad de que llueva amanecerá con el nuevo día, que, con muy poca suerte, te mojarás, aunque sin frío, sí con brisa y...

y cuando amanece poco ha cambiado y todo sigue casi igual, salvo por el hecho de que ha pasado un día más.

queremos cambiar el mundo, el mañana, y, al ver que todo sigue igual, que nada cambia, nuestras ansias, nuestras fuerzas por conseguir ese cambio se van diluyendo y dejamos que todo siga igual, que el cambio se produzca por sí mismo, o por la acción de otros, que no moverán tampoco un dedo porque esperan que otros lo hagan.

y así, todo continúa igual porque, aunque todos deseamos que cambie, y nos llegamos a ilusionar con la llegada de ese cambio, incluso con nuestra posible participación en ese cambio, nos vamos desanimando conforme no se producen cambios visibles, los otros no se entusiasman igual, no lo apoyan o incluso, se muestran contrarios a él.

todo ello para justificar que mi limpieza ha sido más limitada, en el tiempo, el espacio y las cosas trasladadas de lo que había previsto inicialmente. vamos, que apenas 500 hojas han cambiado de posición. ¿es eso suficiente como para considerarlo un cambio?

sí, positivamente creo que es un cambio, aunque la limpieza parezca mucho más limitada de lo que habría querido en un principio, pero sí que es un cambio y, aunque no lo parezca, es eso lo que puede provocar y promover uno mayor. confiemos en la cinética de las bolas de nieve en una pendiente.