El peor pecado de esta sociedad bienpensante es que quieren acabar literal y físicamente con cualquier otro tipo de pensamiento que discrepe con el suyo, no dándose cuenta que eso es precisamente lo que va a impulsar cualquier pensamiento alternativo, especialmente los más radicalizados.
Si no favoreces la libertad de pensamiento, favoreces la radicalización estúpida de pensamiento y rompes el equilibrio.