Probemos un segundo tipo de acercamiento, aquel que lo hace en sentido contrario.
Como el hombre se ha desarrollado en un cuerpo planetario cuasiesférico, ha llegado a la conclusión que, por mucho que se aleje de algo, dirigiéndose hacia la dirección opuesta a la que se encuentra éste, al final siempre acabará encontrándose con él (al dar la vuelta completa al globo).
En un universo infinito en todas direcciones, esto también es perfectamente aplicable: por mucho que te alejes de algo, siempre acabarás encontrándotelo de frente.