jueves, 23 de abril de 2015

1, 2, 3... fuera.

1, 2, 3... ¡fuera!

Mantener la calma en estos tiempos resulta una práctica poco menos que titánica, con lo que se imponen por necesidad imperiosa la adopción de tácticas dilatorias que nos permitan recuperarla, aunque sea parcialmente.

Debería ser una práctica generalizada, pues evitaría muchos conflictos al permitir que los contendientes iniciasen la contienda verbal. Así, nos encontraríamos con conversaciones mediadas por frecuentes silencios, no solo determinados por la meditación de las palabras del interlocutor, muy necesarios si no imprescindibles, pues de lo contrario, es imposible una conversación real ya que, si no se comprende el mensaje que nos intenta transmitir el interlocutor, no se puede generar una respuesta adecuada y en vez de un diálogo, es un ataque de dos discursos inconexos que sólo tratan de quedar uno por encima del otro en base, únicamente, del poderío de las cuerdas vocales y cajas de resonacia de los involucrados, vamos, la algarada a gritos de toda la vida en la que, si es imposible a alguien ajeno enterarse de lo que se dice, tanto más a los que están dentro.

Así pues (1,2,3...), el discursito previo (1,2,3...), quedaría tal que de esta forma (1,2,3...). Algo mucho más pausado(1,2,3...), más meditado (1,2,3...) y más fácil de entender por las partes (1,2,3...), evitando así (1,2,3...) la generación de cualquier signo de tensión (1, 2, 3...) entre los contertulios.

Salvo para aquellos que necesitan que todo sea inmediato, que ya te están contestando incluso antes de que hayas formulado incluso la pregunta, respondiendo así a cosas que no vienen a cuento y ni se han planteado tan siquiera, pero que ellos ya se han adelantado a mencionar y comentar porque es a ellos a los que les interesa y carece de todo valor todo aquello que les tengan que decir otros o comunicarles. Sus diálogos son monólogos en los que, prácticamente, ni se escuchan a sí mismos, porque la perorata que sueltan sirve únicamente para alimentar a sus egos y callar las voces de los otros...

1, 2, 3... Es que, te entran unas ganas de taparles la boca de una buena guantada con la mano abierta... 1, 2, 3...

Está claro que lo que esta sociedad necesita es un cambio de mentalidad y de educación para que estas cosas no se produzcan, por el que se infunda a todos que, para que la comunicación y compartición de ideas se produzca, es necesario que todos y cada uno de los implicados puedan exponer sus ideas y argumentos y que estos sean entendidos y meditados por todos los interesados antes de exponer, si es necesario, cualquier cuestión, enmienda, comentario que sea necesaria.

Nos engañan diciendo que la humana es una especie colaborativa, cuando lo que se enseña y se recalca, desde la más tierna infancia, es un método y una mentalidad competitiva, perteneciente más a una especie prehistórica con recursos limitados, en la que sólo los más aptos tienen acceso a los recursos necesarios para sobrevivir, prosperar y perdurar. Se nos dice una cosa y se promueve otra completamente diferente y todavía se extraña que haya tanta gente disociada... ¡pero si es imposible no estarlo! (1, 2, 3...)