O empecemos de nuevo en nuestro empeño. Quizás la cosa sea no cejar en él.
Como no creo que la cosa quedase clara en mi última diatriba de madrugada, hoy me he pasado todo el día meditando sobre lo que puse y lo que quise poner y lo que quisiera haber puesto, y el universo ha acudido en mi ayuda.
Sinceramente, no lo podía haber expresado mejor, y eso que es algo que llevo tiempo meditando he intentando encontrar la forma de expresarlo.
“La dificultad de la literatura no es escribir, sino escribir lo que quieres decir”.
Robert Louis Stevenson (1850-1894), escritor escocés
Sinceramente, no lo podía haber expresado mejor, y eso que es algo que llevo tiempo meditando he intentando encontrar la forma de expresarlo.
Una de las cosas que siempre me aterroriza al empezar a escribir es plantearme si alguna vez alguien escribió algo parecido o, incluso, con las mismas palabras. Te planteas si tal vez no deberías leer algo más antes de lanzarte a escribir y empiezas a leer todo lo que cae en tus manos, antes de darte cuenta de lo ingente que es esa tarea, por lo que empiezas a intentar elaborar listas...
Cuanto más lees, más te das cuenta que tus palabras ya estaban escritas por otros, algunas veces hasta siglos antes. Intentas escribir cualquier cosa y te das cuenta que te suena a conocido, a ya leído, y te empiezas a obsesionar por saber dónde lo has leído antes (hasta que lo recuerdas) y que parece que nada de lo que escribes es original. Claro que, tantos siglos, tanta gente, no tendría que ser raro que alguien ya lo hubiese pensado y escrito. Al fin y al cabo, no hay tantas letras y sus combinaciones son finitas, con lo cual, que ya se hayan producido las mismas combinaciones que tratas de realizar, no tiene por qué resultar raro. Y si no, recordemos el clásico de los mil monos con las mil máquinas de escribir, pulsando aleatoriamente las teclas... al final saldría cualquier obra maestra de ellas (y el resto, estoy seguro, es lo que regurgita en los diarios últimamente... no, seguro que estarían mejor escritos y expresados si hiciesen eso).
Sin embargo, por otra parte, hay veces en las que, cuando la obsesión por poder escribir algo original y nunca leído se desvanece y, al intentar plasmar por escrito lo que vas imaginando, te das cuenta que el lenguaje es increíblemente parco e inexacto.
En un mundo y un tiempo donde las nuevas generaciones, y los vagos de las viejas, se quejan de la complejidad del lenguaje y la "imperiosa" necesidad de simplificarlo y adaptarlo a "las nuevas tendencias", no se dan cuenta que esta simplificación del lenguaje lleva consigo una simplificación del pensamiento. A palabras más simples, pensamientos más simples. No puedes crear pensamientos complejos a partir de conceptos, por muy complejos que creas que sean, si no se es capaz de verbalizar tanto los conceptos como los pensamientos. Si no hay palabras para expresarlo, ¿cómo eres capaz de pensarlo? O quizás sea esa la intención, simplificar el vocabulario para que los pensamientos sean más simples. Si la única definición de "libertad" es "lo que digan los que mandan", no habrá problemas con que alguno sueñe con un mundo en el que pueda haber disensiones y discusiones (dialogadas) para mejorar lo que se tiene de una forma conjunta y consensuada. También se acaba con el diálogo y la pulsión que produce a mejorar y aumentar el grado de definición del discurso que en él se produce.
El vocabulario debería fomentarse, engrandecerse y cultivarse continuamente, pues ello contribuye a un progreso y un enriquecimiento del pensamiento. Lo contrario, es una cultura de rebaño que, lamentablemente, es lo que parece que quieren la mayoría de aquellos que temen el librepensamiento... y más se llenan la boca con la palabra "libertad", aunque su concepción de ella está confundida con otra muy parecida, pero muy diferente en su significado: "libertinaje".
Retomemos el uso del lenguaje y del discurso, completo y complejo, que nos permita desarrollar pensamientos nuevos y más elaborados, y no dejemos que nadie nos lo arrebate con un discurso lisonjero y simplista que sólo sirve para entumecer nuestro raciocinio y cegar nuestra razón.