Quizá sea cosa de la edad y de los supuestos millones de neuronas perdidas con el tiempo pero, de una parte aquí, siento que entiendo cada vez menos lo que escucho. Y la verdad es que ese hecho me preocupó mucho durante un tiempo, porque pensaba que mis capacidades empezaban a encontrarse mermadas, o que me estaba quedando poco a poco obsoleto y fuera de contexto.
Pero no tardé mucho en salir de mi error pues, por mucho que ampliaba y ensanchaba mis conocimientos, y por mucho que ponía a prueba mi capacidad de comprensión y comprehensión, más me daba cuenta que éstas se encontraban no sólo en perfecto estado sino en un constante crecimiento y afinamiento.
Si esto era así, no era comprensible cómo era posible que cada vez entienda menos lo que escucho, salvo si, desechados todas las opciones, las que queden, por ilógicas que sean... Y lo que quedaba era que lo que escuchaba cada vez tenía menos sentido, por lo cual era lógico que yo lo entendiese menos.
Cada vez veo más que cada uno le da por contar algo, realizando pausas como si esperase alguna contestación, pero en realidad sólo es para tomar aire y continuar con su discurso inconexo, mientras que los que están a su alrededor, se dedican a exponer sus propios discursos que, en ocasiones, pueden tener alguna conexión, y en otras, ninguna. Hasta que no empiezan a pisarse en sus discursos, hablando simultáneamente, no te das cuenta que, ni están escuchando, ni tienen interés en escuchar y, lo más sorprendente, les da exactamente igual que no les escuchen.
Y más sorprendente es cuando el tono de la "conversación" se va elevando, con lo que te puede inducir al error de pensar que se está desarrollando una fuerte discusión entre diferentes elementos, que incluso llegan a gesticular unos frente a otros, hasta que comprendes que ninguno se está escuchanso, sobre todo cuando se encuentran diciendo exactamente lo mismo, incluso con las mismas palabras, o se encuentran hablando cada uno de una cosa que nada tiene que ver con la del otro.
¿Se ha perdido entonces la conexión entre oído y boca, entre lo que se escucha y lo que se dice? ¿Existe un hastío entre la comunicación interpersonal?
Después de una noche de insomnio por una profunda preocupación... por otro tema que nada tiene que ver, he llegado a la conclusión de que, con el aumento del número, se está produciendo una "rebañización" del grupo humano. Es decir, cuando te enfrentas a un rebaño ovino, puedes encontrártelo en un completo y sorprendente silencio que es interrumpido ocasionalmente por algún balido perdido. Estos balidos pueden incrementarse hasta parecer que unos surgen como respuesta a otros y así sucesivamente. Sin embargo, en un momento dado, el número de balidos es tan grande que ya no eres capaz de distinguir cuales se suceden a cuales y, además, su volumen se ve incrementado junto con su número hasta que todo se transforma en una cacofonía insoportable que, por momentos, parece que se transforma en un único balido coreado por miles de bocas simultáneamente.
Con las personas, cada vez con más frecuencia, me sucede lo mismo. De un silencio absoluto empiezan a surgir palabras, que distingo y hasta llego a comprender, pero de forma totalmente inconexas aunque, de vez en cuando, se producen en una sucesión que hasta parece cobrar, por un instante, un sentido y una sucesión lógica, para perderla a renglón seguido cuando unas voces se superponen a otras, sin aparente interés de ninguna por escuchar o entender lo que les dice la otra, para acabar, coreando a voz en grito, el eslógan más abstruso y sin sentido que te puedas imaginar.
Una vez lo pensé y cada vez me reafirmo más en la idea. El único diálogo verdadero, madurado y sincero que existe fue el epistolar de los tiempos en los que lo más veloz que el paso humano era el de una cabalgadura, en los que, tras una profunda reflexión entre el papel en blanco y uno mismo, surgía una misiva en la que se plasmaban todos los pensamientos, perfectamente madurados, que se pretendían transmitir, que luego tardaban su tiempo en llegar a su destinatario que, a su vez, se tomaría su tiempo en leerlos, comprenderlos, madurarlos y responderlos, y así hasta su conclusión.
Hoy en día, con la inmediatez de la comunicación, se ha perdido la reflexión y es muy fácil caer en los lugares comunes y el chascarrillo, no existiendo esa verdadera comunicación reflexionada sino una sucesión de clichés soltados al alimón o incluso simultáneamente que, en su conjunto, nada aportan y pocas veces tienen sentido alguno.