Amantes pese a sus cuerpos y sus corazones. Amantes en sus mentes y sus ambiciones. Amantes sin emociones, emocionados por se amantes. Amantes y punto.
Se miran desde la distancia, sin ninguna intención de aproximarse y dejar que sus pieles entren en contacto, que la química sensitiva se dispare en sus cerebros y unas emociones que mil veces han imaginado se desaten. Unas emociones que en este momento dejan que se abran paso en sus cuerpos distanciados, dejándolas crecer, mimándolas, adorándolas, dándoles apenas forma con un deseo inexpresado e inexpresable, apenas sentido, apenas conocido, apenas intuido.
Una mirada inocente que nada dice, que nada expresa, que apenas se cruza, que no llega a conectar, atraviesa la distancia sin llegar a conectar con la pupila buscada, sin saber que apenas un segundo después, o dos antes, estaba allí mismo esperándola.
Sentimiendo de proximidad y complicidad en una lejanía insondable de dos cuerpos que, a punto de rozarse, jamás se encontrarán en el imposible desierto que es el mundo. Saberse tan cercano y a la vez completamente separados e imposibilitados para poderse acercar y entrar en contacto.
Y, sin embargo, son amantes, amantes furiosos en sus fantasías, inexpresadas, inexplicables, inacabables, inéditas.
Y así, en la distancia, sin haberse dicho nada, sin haberse dirigido apenas una mirada, lo saben, lo han sentido, son amantes.