jueves, 30 de abril de 2015

sin noticias desde la mente

Contrariamente a lo que algunos suponen y otros exponen (a voz en grito), una mayor verbalización no conlleva, generalmente, una mayor cantidad (¡y calidad!) de pensamientos.

La mente (humana, por ejemplo), tiene una gran capacidad para el pensamiento abstracto desde el primer momento de activación de sus neuronas. Así, es posible que jamás en el resto de su vida, el ser (humano) se dedique a este pensamiento abstracto tan decidida y activamente como cuando se encuentra en el vientre materno, quizás debido a que no tiene otra cosa que hacer, estando sus necesidades primarias completamente cubiertas, no necesitando luchar por su supervivencia y, por supuesto, encontrarse casi completamente aislado de influencias externas (bueno, eso no es completamente cierto, pero no es lo que nos ocupa).

Nótese que me estoy refiriendo, exclusivamente, al pensamiento abstracto.

Lamentablemente, una vez que se pierde ese aislamiento, se comienza con un proceso irreversible de verbalización que va a constreñir y dirigir el pensamiento de la mente durante el resto de su existencia. Este proceso es tan total y absoluto que, cuando se pierde la capacidad de verbalización o no se encuentra la forma de verbalizar algo se produce una inmensa sensación de abatimiento y frustración que cercenan ese proceso mental y lo abortan completamente.

De ahí que, para tener un pensamiento original, primero haya que constituir la forma de expresarlo. Si no se puede expresar, ese pensamiento jamás se podrá desarrollar. De la misma forma, los grandes progresos no se realizan verdaderamente hasta que no se constituye un corpus lingüístico que sirva para explicarlo al resto. Y además, esa explicación, hay que realizarla de forma que el interlocutor sea capaz de comprehender el desarrollo que se está explicando.

Así, "redondo" o "circular" no pueden comprenderse hasta que no se establece que es todo aquello cuyos puntos se encuentran equidistantes de un punto central, en una visión bidimensional (¡muy importante!), puesto que en tres dimensiones sería una esfera.

Y así, el pensamiento que se quería formar en mi mente, tan diferente y rompedor, se ha diluído completamente cuando el lenguaje (impuesto) lo ha querido encorsetar en "formas", "colores", "sonidos", "movimientos"...

Cuando miramos desenfocadamente al infinito, queriendo abstraernos de los estímulos que nos llegan a través de nuestros inadecuados y limitados sentidos, para así aprehender ese pensamiento esquivo que nos elude, como esa presencia que se agazapa todo el rato en el rabillo del ojo, apenas entrevista, apenas captada, que se desvanece cuando nos giramos para verla de frente, porque sólo puede existir ahí, en esa incertidumbre certera de la cuasi-existencia, ya que, al centrar toda nuestra atención en ella, al tratar de encorsetarla en una definición "certera y veraz", pierde toda su consistencia y razón de ser.