...y nosotros perdemos.
Esa es la sensación con la que me he quedado hoy. Después de llevar meses comiéndonos la cabeza con la necesidad de un cambio que no necesitamos realmente, pero que ellos sí necesitan porque era la única forma posible para quitar a los que no lo estaban haciendo tan mal, y ponerse ellos a hacerlo sólo los dioses saben cómo (o no, porque sólo hace falta mirar sus trayectorias y sus palabras para saber cómo lo van a seguir haciendo).
Así que ya lo han conseguido, ya tienen la inestabilidad que buscaban, porque saben que sólo cuando hay estabilidad se pueden hacer cosas, mientras que cuando el río baja revuelto... ¡ganancia de pescadores!
En este bochornoso país, no se escarmienta, ni por cabeza propia ni por cabeza ajena. Por la propia, porque no se quiere recordar el pasado, no tan lejano, en el que experimentos parecidos obtuvieron resultados espantosos. Y por la ajena, porque prefieren decir que se cargaron otros economías muy boyantes a reconocer que fueron gestiones desastrosas y carentes de todo sentido común.
Hoy hay gentes que se han ilusionado por la aparición de una apariencia de cambio. Crucemos los dedos porque sea así y no despierten en una pesadilla que ellos mismos se han metido alegremente.
El cambio, si ha de haberlo, empieza por un acto, no por miles de palabras tan exaltadas como huecas y carentes de todo fondo y sentido.
Pero bueno, ya tienen lo que querían, y ahora a ver si lo que querían es lo que han conseguido.
Y espero que todos esos que se han callado y aceptado lo que decidan otros, no digan ahora que "no los representan". Cuando callas, otorgas, y si no, ¡abre la boca antes, que no sólo la tienes para darte los atracones que te das!