Resulta frustrante y tentador, por partes iguales, crear una entrada con un título tan simple.
Y así... Hay tantas formas de completarlo, de continuarlo, que parecería fácil rellanar líneas y más líneas con las más locas disquisiciones.
Pero a la vez se presta a tantas cursiladas y tonterías que echa para atrás a la inteligencia más considerada.
Y así, comienzas o no comienzas, algo que sabes, pero ignoras, si vas a completar o terminar, a culminar de una forma lógica y certera, sin caer en la tontuna más simple.
Aunque esto no sea del todo cierto.
Por más que me esfuerzo en encontrar el hilo de mis pensamientos, mil voces me asaltan, con la fuerza (y la cadencia) de una marea, sabiendo a ciencia cierta que se encuentran todas en el exterior de mi cabeza, y no encontrando nada con que ponerles freno y extinguirlas. Al fin y al cabo, las que están dentro, son mucho más sencillas de acallar, incluso sin llegar a un compromiso químico.
Pero, por si no fueran bastante las voces, cuando estas empiezan a cesar y un tranquilo silencio deja que los pensamientos empiecen a fluir, llegan los obreros y sus herramientas eléctricas. Que no es que tenga nada contra los trabajos manuales pero, a veces, echo de menos un poquito de silencio.
Y así, lejos de tener la ansiada tranquilidad, el ruido y la marabunta, vuelven a girar como pollos sin cabeza a mi alrededor. Y mientras, la mía, creciendo al compás de mi dolor de cabeza.
Y así, sin más, acabo.