martes, 5 de mayo de 2015

por la mañana... ¡apatía!

¿Cual es esa regla no escrita que dice que por la mañana tienes que saltar de la cama con un dechado de energía, dispuesto a comerte el mundo?

Aunque valoro todos esos ejemplos positivistas que se nos presentan para hacernos la vida "un poco mejor", me temo que la distancia que presentan con la realidad son, en una gran mayoría, como poco, abisales.

Sin ir más lejos, y por lo que me toca de la hora, esa de "levantarte con energía". Vale que te levantas de un descanso más o menos prolongado, que no has gastado energía más allá de unos ronquidos (bueno, dependiendo de la intensidad, gastas más o menos energía; si te llegan a despertar, ya ni te cuento) y unas cuantas vueltas por toda la extensión de tu zona habilitada para el descanso (no generalizo "colchón" por razones obvias), con lo que deberías estar listo para "saltar".

Pero la realidad es más bien otra. La mayoría de los que se levantan lo hacen por una obligación horaria no buscada, sino generalmente impuesta por el devenir de la vida y las obligaciones, con lo cual no se levanta con esa sonrisa de "¡qué maravilla! ¿qué voy a hacer hoy?"; sino más bien con "¿ya es la hora?". Y por esta descoordinación entre que "es la hora" y el cuerpo que te pide "cinco minutitos más", para cuando estás tirando los pies de la cama y arrastrándote hacia el lavabo, tus niveles de energía reales son más bien justitos para poder llevar a cabo esas mínimas actividades.

Poco a poco, conforme transcurren los minutos y se van movilizando poco a poco los recursos de tu cuerpo, vas notando que puedes realizar las cosas con un poco más de fluidez, pero en absoluto "alegría". De hecho, lo más habitual es que mires con desconfianza, incluso rencor, a todo aquel ser que exhiba una alegría demasiado evidente.

Incluso en nuestros tiernos infantes, esos aparentes contenedores de inextinguible energía, se muestran apagados y carentes casi totalmente de ella cuando son obligados e impelidos por el cruel despertador (aunque también es cierto que, cuando no tienen ninguna obligación para levantarse a esa hora tan temprana e inoportuna, lo harán igualmente pero llenos de una energía que, entonces sí, no tienes ni idea de dónde la han sacado ese día y no la sacaban lo otros.

Así que, mientras el café humea incitante en la mañanera taza, vamos flotando en nuestra apatía matutina, subrayada por unos cielos aún grises y nada motivadores, hacia nuestro deseado nivel de ¿alegría?, actividad diaria.