lunes, 25 de mayo de 2015

las cucarachas heredarán tu mundo

Mi mirada se pierde entre las nubes mientras intento distraerme para no contar los minutos. Blancas nubes que parecen permanecer hieráticas en un cielo enormemente azul, aunque una cada vez menos suave brisa se agita sobre mi rostro a través de la abierta ventana.

El verano ha llegado y se ha ido en una primavera que apenas ha doblado su ecuador, y el calor amenaza, aunque hoy, afortunadamente, sin gran empeño, mientras las nubes nos contemplan desde lo alto sin gran interés, y sé que, tampoco hoy, nos darán su húmeda bendición.

Pensando en la lluvia, me sorprende la siempre ambivalente reacción del hombre, el cual derrocha agua como si nunca fuese a acabarse y, a la vez, mira al cielo enfadado en cuanto una triste nubecita oculta un poco "su" sol.

¡Como si el agua saliese del grifo!

Sí, bueno, sale del grifo, pero para este hombre que se desentiende de todo y todo lo quiere inmediatamente conforme lo desea, ese agua sale del grifo sin preocuparse de dónde viene para salir por ahí o a dónde va cuando se hunde por el sumidero.

Y, mientras se ríe condescendiente con la niña que responde "del supermercado" cuando le preguntan de dónde viene la comida, se niega a reflexionar que, él mismo, aún tiene una idea menos clara de su procedencia. Por lo que quiere saber, sobre todo si ni siquiera hace la compra, la comida viene... ¡del frigorífico!

Y así, despreocupándonos de todo aquello que no nos afecte directamente, es como se llega a ese hombre que se indigna cuando los exaltados de palabras tan grandilocuentes como vanas se lo dicen a voz en grito, para esconder su vacuidad, y que no se detiene a reflexionar ni cuando está en juego su vida.

Pues nada, a ese hombre le digo que las cucarachas heredarán su mundo, ya que él no hará nada por conservarlo.