lunes, 18 de mayo de 2015

Lo achacaré a la alergia, injustamente, seguro, pero mi ingenio está por los suelos, como mi estado anímico y corporal. También se lo podría adjudicar a la astenia (primaveral), pero ésta no hace que respire tan mal y que duerma aún peor, así que le va a tocar a la alergia.

Y es que, después de unas semanas en las que me ufanaba de que parecía que la alergia no me afectaba tanto este año, han llegado unos días de calor adelantado a la temporada (algo a lo que habrá que acostumbrarse, sí o sí, durante una temporada, al menos), para que la alergia que agarrase en sus nada amorosos brazos y me diese un buen zarandeo y, pese a mi empeño, me mantenga aún en tan desequilibrado tránsito.

La primavera, dicen, altera la sangre, pero a mí, lo que me ha alterado ha sido, simplemente, el carácter. No, no es que vaya a morder a alguien, más bien todo lo contrario. Me alegraría con tan sólo poder levantar cabeza.

Pero no vamos a llorar por los estornudos espasmódicos que me sacuden el cuerpo con pasmosa facilidad. Esperemos que el cambio de tiempo, que ya siento en los huesos, nos traiga una pequeña tregua.